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Perros miedosos y perros fóbicos

El miedo es una emoción importante para la supervivencia del individuo. Tener miedo le permite a un lobo (a un perro o a nosotros mismos) mantenerse alejado de estímulos potencialmente peligrosos. Pero el miedo se convierte en un problema cuando es inadaptativo y surge de manera desproporcionada ante estímulos que no resultan realmente peligrosos.

El condicionamiento del miedo se puede adquirir de diversas formas en el perro. Lo más habitual es que nos encontremos con perros que no han tenido la suficiente estimulación en su etapa de cachorro más crítica (entre la 7ª y la 12ª semana). Durante este periodo crítico es necesario que el cachorro se enfrente sin traumas a una serie de estímulos que le van a acompañar durante su vida y que son mucho más ricos y numerosos que los  estímulos con los que tendría que convivir un ejemplar en estado salvaje. El problema puede venir de criadores que no dan importancia a este periodo y no comienzan con la fase de socialización a tiempo, o con propietarios que, aconsejados por los protocolos de vacunación veterinaria, deciden no exponer al cachorro al ambiente hasta cumplir con todo el ciclo de vacunas.

Evidentemente, se puede correr un cierto riesgo si sacamos al cachorro antes de su última vacuna, pero como comportamentalista creo sinceramente, que el riesgo es mayor si no lo sacamos, puesto que tenemos casi asegurado que de adulto nuestro perro mostrará miedo ante estímulos con los que no ha contactado en este periodo crítico del que hablamos.

Sea  como fuere, una vez adquirido el miedo, este puede dirigirse a estímulos concretos (otros perros, niños, cohetes….) o presentarse más generalizado. Cuando un perro presenta un miedo general o a casi cualquier estímulo hablamos de perro fóbico. El éxito del tratamiento va a depender mucho del tiempo que el miedo lleve instaurado, por lo que es imprescindible actuar lo antes posible.

La respuesta prototípica del miedo es la huida o el bloqueo. En ocasiones esta estrategia no es plausible (por llevar atado al perro) y este decide luchar, con lo que una conducta de miedo es fácil que se trasforme en agresión.

Cuando tratamos este tipo de conducta tenemos que ser coherentes con la emoción que el perro siente y saber que, si el grado emocional es alto, la conducta estará totalmente fuera del control cognitivo del perro. Se podría decir en este caso que el perro está actuando en "modo automático" y que no puede evitar el comportamiento…….ante esta situación el castigo, por tanto, será del todo inadecuado e ineficaz, puesto que el perro volverá a mostrar la conducta miedosa en cuanto vuelva a surgir el objeto de miedo y, en todo caso, cada vez se sentirá peor ante este objeto si sumamos los castigos que predice.

El tratamiento tendrá que adaptarse a cada situación y puede plantearse desde distintos ángulos. Facilitar la habituación al objeto de miedo puede ser buena herramienta en algunos casos y nefasta en otros, pues el perro, en lugar de habituarse puede sensibilizarse y  dar respuestas de miedo cada vez más intensas.

Puede ayudar  mucho enseñar una conducta al perro que sea coherente con su miedo (que le solucione el problema) y que sea “práctica” para nosotros. Por ejemplo: a veces puede resultar imposible enseñar a un perro que tiene miedo a las detonaciones a permanecer sentado, sin embargo, puede ser fácil enseñarle a correr hacia nuestro coche. Por lo tanto, en lugar de tener un perro que corre despavorido en cualquier dirección al escuchar un disparo, tendremos a un perro que corre hasta nuestro coche.

En cualquier caso, si tienes un perro fóbico siempre hay algo que puedes hacer por él. Debe ser muy angustioso vivir con miedo permanente y seguro que vamos a poder ayudar a nuestro amigo.